Uno...
22 March 2008
Uno puede empezar a contar sin pensar en terminar todas sus mañanas de adorno. Desde aquel verano que cumplió 5 años hasta la inquisición que resulta su edad actual. Pero no siempre lo que recuerdas es pegado al pie de la letra, existe un encanto de por medio, aquello llamado sentir, que provoca pequeñas gotas de roció al final de nuestros barrios, formando ese inquietante brillo, esa pequeña nostalgia.
Si me preguntaran, porque pierdo el tiempo escribiendo unas líneas sólo podría contestar escribiendo unas líneas más. Entonces por deducción estaría defendiendo mi forma de explicar la existencia. Aquella semblanza que me conduce hacia aquel día de abril, cuando me prometieron que crecer sin contratiempos era posible, que los amigos de la TV eran inmortales y mi lata de “cerelac” siempre estaría dispuesta a mi gusto. Entonces mis garabatos se posaban intranquilos sobre el papel, sin importarme quien observe mi actitud y lo que es mejor, sin cuidarme de la crítica, porque tal definición no me asustaba, no existía en mi mundo de crayola y cartón.
Nunca en mi vida use ropita tan cómoda. Siempre estaba fresquito, porque a pesar del polvoriento escenario, mis baños eran preciosos, era una navegación con patitos y barquitos. Los premios a mi limpieza existían, ¡como olvidar cuando mamá sacudía mis cabellos con sus manos de porcelana!. Era resultado de la naturaleza del amor, aquello que esta en el aire, esperando que inicies tus aventuras, porque a Dios le gustaban las travesuras. Siempre tenía bonitas lecciones para nosotros, y las mostraba en mis libros de mil colores, mi colección de figuritas y el disfraz de la fiesta.
Describo siempre ese momento, porque alguna vez encaje perfectamente en un mundo. Porque alguna vez hice algo malo y me respondieron con un simple jalón de orejas, y no los lavados de conciencia que bombardean las calles. Antes podías rezar por las noches si la oscuridad te asustaba, ahora nos da miedo rezar y nos limitamos a la oscuridad, a decir que el tratamiento para el alma es imposible y sólo queda pagar facturas cada fin de mes. No teníamos tantas comodidades tecnológicas como ahora, pero estábamos cómodos, estábamos con nosotros.
Quien no recuerda el camino a la escuela, con quien compartía esas andazas, quien no jugo al fútbol en la pista, ni dos pares de piedras como arcos podían detener nuestros triunfos, quien no se escapó de casa a explorar un bosque con sus amiguitos, creyendo que las brujas estaban cercanas y teníamos que liquidarlas con un rayo mágico de nuestra gloriosa espada, que no era más que una rama de eucalipto. Quién no prendió fuego por curiosidad y recibió correazos por curioso. Dónde estabas cuando celebraron tus primeros cumpleaños. Eran los mejores momentos del año, eras como un santo al que tenían que guardar devoción aunque solo por un día. Si, ese fuiste tú. Ahora seguro tus velas para la torta son chispeantes y de colores, en ese entonces unos palitos de fósforo eras mis velitas, pero te puedo jurar que mariposas y dragones salían de ellos, porque lo imaginaba así, y gracias a esa imaginación, te puedo seguir hablando, escribiendo, dibujando. Es cierto teníamos varias limitaciones, pero nos teníamos. No había celulares para ubicarme, pero existía la fe que dictaba que nada malo me había pasado. Si salía mal en un curso no me mandaban al psicólogo, era normal. ¿Quién es completamente cuerdo?. ¿Quien no bajo las escaleras una vez para ver si lo sigue alguien?
Ahora me causa tristeza ver a niños cargando maletas disfrazadas de mochilas, estando en el colegio más de 10 horas al día y compitiendo como espartanos por una nota, me causa espanto lo que intentan hacer con su futuro. Estamos poniendo niños en el mundo supuestamente para que sean líderes, gobernantes, médicos, ingenieros, abogados de primera, no importando cuanto le ajustemos el uniforme. Entonces mediante una lágrima, les puedo vaticinar que cuando ellos tengan más de 20 años, les dirán esto: “Papá, mamá... ¿cuándo piensan devolverme mi niñez?”.
Si nos creemos lo suficientemente maduros e inteligentes observen los tiempos, vivan los tiempos, pero no los alteren. Será demasiado tarde cuando se den cuenta que han quebrado una etapa hermosa de la vida: la de los pequeños héroes.
Si me preguntaran, porque pierdo el tiempo escribiendo unas líneas sólo podría contestar escribiendo unas líneas más. Entonces por deducción estaría defendiendo mi forma de explicar la existencia. Aquella semblanza que me conduce hacia aquel día de abril, cuando me prometieron que crecer sin contratiempos era posible, que los amigos de la TV eran inmortales y mi lata de “cerelac” siempre estaría dispuesta a mi gusto. Entonces mis garabatos se posaban intranquilos sobre el papel, sin importarme quien observe mi actitud y lo que es mejor, sin cuidarme de la crítica, porque tal definición no me asustaba, no existía en mi mundo de crayola y cartón.
Nunca en mi vida use ropita tan cómoda. Siempre estaba fresquito, porque a pesar del polvoriento escenario, mis baños eran preciosos, era una navegación con patitos y barquitos. Los premios a mi limpieza existían, ¡como olvidar cuando mamá sacudía mis cabellos con sus manos de porcelana!. Era resultado de la naturaleza del amor, aquello que esta en el aire, esperando que inicies tus aventuras, porque a Dios le gustaban las travesuras. Siempre tenía bonitas lecciones para nosotros, y las mostraba en mis libros de mil colores, mi colección de figuritas y el disfraz de la fiesta.
Describo siempre ese momento, porque alguna vez encaje perfectamente en un mundo. Porque alguna vez hice algo malo y me respondieron con un simple jalón de orejas, y no los lavados de conciencia que bombardean las calles. Antes podías rezar por las noches si la oscuridad te asustaba, ahora nos da miedo rezar y nos limitamos a la oscuridad, a decir que el tratamiento para el alma es imposible y sólo queda pagar facturas cada fin de mes. No teníamos tantas comodidades tecnológicas como ahora, pero estábamos cómodos, estábamos con nosotros.
Quien no recuerda el camino a la escuela, con quien compartía esas andazas, quien no jugo al fútbol en la pista, ni dos pares de piedras como arcos podían detener nuestros triunfos, quien no se escapó de casa a explorar un bosque con sus amiguitos, creyendo que las brujas estaban cercanas y teníamos que liquidarlas con un rayo mágico de nuestra gloriosa espada, que no era más que una rama de eucalipto. Quién no prendió fuego por curiosidad y recibió correazos por curioso. Dónde estabas cuando celebraron tus primeros cumpleaños. Eran los mejores momentos del año, eras como un santo al que tenían que guardar devoción aunque solo por un día. Si, ese fuiste tú. Ahora seguro tus velas para la torta son chispeantes y de colores, en ese entonces unos palitos de fósforo eras mis velitas, pero te puedo jurar que mariposas y dragones salían de ellos, porque lo imaginaba así, y gracias a esa imaginación, te puedo seguir hablando, escribiendo, dibujando. Es cierto teníamos varias limitaciones, pero nos teníamos. No había celulares para ubicarme, pero existía la fe que dictaba que nada malo me había pasado. Si salía mal en un curso no me mandaban al psicólogo, era normal. ¿Quién es completamente cuerdo?. ¿Quien no bajo las escaleras una vez para ver si lo sigue alguien?
Ahora me causa tristeza ver a niños cargando maletas disfrazadas de mochilas, estando en el colegio más de 10 horas al día y compitiendo como espartanos por una nota, me causa espanto lo que intentan hacer con su futuro. Estamos poniendo niños en el mundo supuestamente para que sean líderes, gobernantes, médicos, ingenieros, abogados de primera, no importando cuanto le ajustemos el uniforme. Entonces mediante una lágrima, les puedo vaticinar que cuando ellos tengan más de 20 años, les dirán esto: “Papá, mamá... ¿cuándo piensan devolverme mi niñez?”.
Si nos creemos lo suficientemente maduros e inteligentes observen los tiempos, vivan los tiempos, pero no los alteren. Será demasiado tarde cuando se den cuenta que han quebrado una etapa hermosa de la vida: la de los pequeños héroes.
Junio 2003
P.D. Gracias por compartir el texto en varios sitios, aun con descuartizamientos y posesiones nuevas incluidas. El sentir es el mismo.
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