De una brisa (fragmentos)
11 February 2006
Después de pensarlo, sólo quedas varado en la orilla. Recuerdas el momento que pudiste salvarla, pero ella era mar adentro, con todos esos luceritos de cuentos infantiles. Un cafecito de la abuela, así, riquísimos de tanta nostalgia. Ahí, San Bartolo seis de la tarde. No llames al celular. Carla se fue, como esas lanchas que domaba el tío José. Nada vuelve mientras te quedas recordando y oliendo la herencia de los pescados. Nada muchacho. Así, patea la arena, más fuerte, levanta los brazos, y dilo. Así es. Tenías 16 y ella era la única que podía desordenar tus cabellos.
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De pronto llevamos esas revistas donde Milton. El podía descifrar esas noticias. Sabía de antemano que nos amábamos. Y que podíamos levantar las gaviotas de un solo suspiro. En aquella edad no había límite. El ritual de los antiguos debía darse el siguiente día.
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De pronto llevamos esas revistas donde Milton. El podía descifrar esas noticias. Sabía de antemano que nos amábamos. Y que podíamos levantar las gaviotas de un solo suspiro. En aquella edad no había límite. El ritual de los antiguos debía darse el siguiente día.
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